sábado, 25 de enero de 2014

Iconografía y lenguaje simbólico en los sarcófagos paleocristianos


Durante los primeros siglos de la cristiandad la creencia de los fieles en una vida eterna con posterioridad a la muerte los hace defenderla práctica de la inhumación frente a la más extendida en la Roma imperial de la cremación. En ese contexto, los miembros de las familias que se lo pueden permitir, encargan sarcófagos que manifiesten su fe al mismo tiempo que ponen de relieve la calidad del difunto.

La iconografía de estos sarcófagos evoluciona desde los  criptocristianos del siglo III,  hasta los realizados en los talleres regionales del siglo V, después de la caída de Roma. En los realizados en los primeros tiempos para los creyentes de una fe y una iglesia clandestinas, aparece el motivo recurrente del Buen Pastor como representación metafórica de Cristo, salvador del rebaño, siendo éste símbolo de los creyentes. Este motivo va inscrito entre las representaciones del paganismo clásico que realizan los talleres romanos.

Ya en los siglos IV y V, sobre todo a partir del acceso a la libre expresión de la Iglesia y su protección oficial tras el Edicto de Milán (313), aparecen los temas que se van a manifestar reiterativamente en los sarcófagos de las familias poderosas que se han convertido al cristianismo. La representación iconográfica pone de manifiesto su carácter funerario y la esperanza en la resurrección. Una sucesión de escenas del Antiguo y Nuevo Testamento presentan diferentes motivos que son símbolos de los principios de su fe y esperanza de la salvación, y del ciclo de muerte y resurrección.
Pero quizás es más sencillo conocer una oración que se rezaba por los moribundos en la Iglesia de Antioquía y fue conocida en Roma, para identificar cuáles son los motivos que con más persistencia se van a utilizar:
"Padre, libra su alma, como salvaste a Noé del diluvio, a Isaac de las manos de Abraham, a Jonás del monstruo marino, a Daniel del foso de los leones, a los tres jóvenes hebreos del horno, a Susana de los viejos. Tú, también, Hijo de Dios, salva su alma, tú que abriste los ojos al ciego de nacimiento, curaste al paralítico, resucitaste a Lázaro..."

Temas como la epifanía, los milagros de las bodas de Caná o la curación del paralítico,  ponen de manifiesto la divinidad de Cristo y su capacidad para el perdón del pecado, representado por las escenas en que aparecen Ada y Eva o la negación de San Pedro. La necesidad de la obediencia a Dios se pone en evidencia con temas  como el sacrificio de Isaac o la esposa de Lot convertida en estatua de sal. Dar testimonio de su fe está en la representación de la persecución de Pedro y Pablo, príncipes de la Iglesia, que rememora la pasión de Cristo. Un cristo que simboliza el triunfo de la Fe en las imágenes de la entrada en Jerusalén

Como se decía al principio, para los cristianos la muerte no era definitiva. Los leones que representan esta muerte eterna, están reservados a los que viven fuera de la Fe. La representación del profeta Daniel en el foso de los leones, podría tener este significado, mientras que la muerte y resurrección estaría simbolizadas en escenas como la resurrección de Lázaro, el ciclo de Jonás o el propio Daniel.























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